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Argentina y Brasil: La unidad es el triunfo.
Proyectos bilaterales.
Desafíos de la integración.
Los acuerdos entre Cristina Fernández y Luis Ignacio Lula Da Silva avanzan rápidamente en materia de integración, generando una inercia que parece tener en cada anuncio una dinámica más agresiva.
Los días 7 y 8 de septiembre, la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, asistió a la celebración del “Día de la Patria” en Brasil, donde firmó, en conjunto con el Presidente del hermano país, un acuerdo de alto impacto estratégico, que funda las bases del nuevo mapa geopolítico regional, signado por la integración entre los dos grandes sudamericanos.
Los alcances de los acuerdos establecidos tienen implicancias en materia comercial, energética, científico/tecnológica, militar e infraestructural. En este sentido, Cristina Fernández dejó claro, al momento de firmar el acuerdo de “Comercio de moneda local”, que como sudamericanos estamos dando “una señal muy fuerte de articulación y de unificación” inscribiendo el acuerdo dentro de un proceso que también involucra a otros pueblos de la región.
Queda por delante superar la etapa de las concreciones donde se avizoran desafíos y dificultades lógicas inherentes a tantos años de dependencia, pobreza y balcanización. Revertir esta inercia supone superar desconfianzas históricas, asimetrías muy acentuadas y sobretodo custodiar el proceso para que no sea saboteado por los sectores políticos y económicos relacionados a los intereses extra Mercado Común del Sur (MERCOSUR).
Comercio en moneda local.
Por sus efectos a corto plazo, es una de las medidas más tratada por los medios de comunicación.
El “Sistema de Pagos en Moneda Local”, como acuerdo de complementación económica, tiende a potenciar el comercio bilateral y permite a argentinos y brasileros prescindir del dólar como divisa de intercambio para sus transacciones comerciales, utilizando la moneda de origen.
Como consecuencia de esta medida, se lograrán bajar los costos financieros, ya que las empresas que transen bienes o servicios de ambos lados del la frontera se ahorrarán el gasto de intermediación comprendido principalmente por las comisiones de compra y venta de la divisa norteamericana.
El monto estimado del comercio bilateral entre los dos países alcanza, en la actualidad, 33.000 millones de dólares. De sostenerse esta magnitud el ahorro, alcanzaría los 500 millones de dólares, que las empresas argentinas y brasileñas ahorrarían eliminando a los intermediarios que percibían el 1,5 por ciento de todas las transacciones.
En este sentido, la presidenta Cristina Fernández sostuvo que "estamos viviendo un momento histórico, cumpliendo un sueño que trae algo más que ventajas muy fuertes en el marco económico; es un hecho profundamente político y cultural importante y definitorio". Eliminar el dólar implicaría que ambos países comiencen a pensar una política monetaria común que redunde en una moneda única en el mediano plazo. Si bien este objetivo no fue mencionado por los presidentes, desde ALUVION consideramos que estos acuerdos son un indicio inequívoco tendiente a que el Mercosur logre esa meta, sobretodo teniendo en cuenta, que los gobiernos de Paraguay, Uruguay y Venezuela evaluaron positivamente la medida.
Las dos mayores economías del Mercosur, también integrado por Paraguay, Uruguay y Venezuela (en proceso de adhesión), venían madurando este proyecto desde inicios de 2006 y el año pasado ya lo introdujeron formalmente en la agenda de trabajo del bloque suramericano.
Por su parte, Martín Redrado, Presidente del Banco Central argentino, destacó que el sistema representa "la piedra fundamental en la integración de ambos países", destacando también que responde a "la visión estratégica" de los presidentes de Brasil y Argentina.
El funcionario sostuvo que esta iniciativa “de des-dolarización de nuestras economías" se puede llevar adelante porque por primera vez nuestro sistema "tiene activos en pesos, pasivos en pesos y”, refiriéndose a Venezuela, “un prestamista de última instancia en pesos", lo que permitirá transitar las futuras crisis con un ventajas diferencial.
La integración entre ambos países se sustenta sobre una estructura cultural, jurídica, infraestructural, comercial y ahora monetaria, que nos permite ilusionarnos con una Latinoamérica más unidad y desarrollada y con aquella visión de San Martín y Bolívar.
La integración en resultados económicos.
La complementariedad entre ambos países genera mayor riqueza para nuestras economías y esto se observa concretamente en los resultados. En 1994, el comercio entre Argentina y Brasil alcanzó los 7.700 millos de dólares. Con la puesta en funcionamiento del Mercosur en 1995, se incrementaron un 69% las transacciones comerciales. Al comenzar el 2000, esa cifra ya rondaba los 13.000 millones, observando el pico más alto en 1997 cuando alcanzamos los 14000 millones de dólares (* Ver cuadro) De esta manera, la integración plantea resultados que no admiten dudas sobre la conveniencia de complementar los mercados mediante el Mercosur.
Fuentes gubernamentales y privadas citadas por matutinos de Buenos Aires aseguran que la proyección para este 2008 será de 33.000 millones de dólares. Los resultados son incuestionables.
Geopolítica de la integración.
En la reunión entre Cristina y Lula se estableció, además, un amplio consenso en cuanto a la realización de obras de infraestructura claves para lograr una integración comercial, política y cultural efectiva para el desarrollo regional.
Buscando potenciar la capacidad de generación eléctrica en la región, la más destacada y significativa de las obras previstas es la construcción de una represa hidroeléctrica de “Garabi”. Ésta será construida, en el límite entre Misiones, Corrientes y Río Grande do Sul en los trechos limítrofes del río Uruguay y su afluente, por las empresas estatales, Electrobras S.A. y Emprendimientos Energéticos Binacionales S.A. (EBISA), pertenecientes a Brasil y Argentina respectivamente.
En materia de trasporte, los presidentes definieron la construcción de nuevos puentes en la frontera argentino/brasilera: uno sobre el río Uruguay conectando Paso de los Libres y Uruguayaza; otro sobre el río Pepirí-Guazú en la provincia de Misiones conectando San Pedro y Paraíso (Estado de Santa Catalina). Estos puentes buscan mejorar las comunicaciones, aumentar el tránsito de mercaderías y garantizar un transporte de personas más seguro. Además, se proyectan obras ferroviarias. Se constituyó una “Comisión de Integración Ferroviaria Argentina – Brasil – Chile – Paraguay”, la cual tiene como misión construir el corredor ferroviario bi oceánico entre el puerto brasileño de Paranagua, en el Atlántico, y el puerto chileno de Antofagasta, en el Pacífico.
El anuncio de estas obras está comprendido en el “Eje Mercosur-Chile” de la “Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA)”. IIRSA se crea en el año 2000, cuando los gobiernos sudamericanos llegaron a un acuerdo en la ciudad de Brasilia, con el objetivo de complementar las inversiones en materia de Energía, Transporte y Comunicaciones, a fin de imponer una lógica común que permita la complementación de las economías regionales. Esta iniciativa comprende 10 ejes de integración geopolítica, constituyendo el plan más ambicioso de integración que conozca el subcontinente.
Cooperación militar.
Lula y Cristina también acordaron un intenso plan de intercambio de información tecnológica y táctica para constituir un ámbito de defensa común. Se proyecta el establecimiento de un equipamiento militar conjunto.
Estos planes consisten en el desarrollo y construcción de un Navío Patrulla Oceánico Multipropósito y un Vehículo Liviano de Empleo General Aerotransportable, con la finalidad de equipar a ambas fuerzas armadas y comercializarlos en el mercado mundial de armas.
Aunque los presidentes no lo mencionaron, es de suponer que esta iniciativa busca cerrar filas contra la incursión de la 4ta flota de la Marina de los Estados Unidos. La misma, soltó amarras hacia el sur, luego de que Petrobrás anunciara que había encontrado reservas de crudo en el mar territorial de Brasil para 200 años, posicionado al vecino país dentro del selecto club de los países exportadores de petróleo.
Argentina, Brasil y Venezuela manifestaron formalmente su preocupación por la incursión de la 4ta flota que según su comandante tiene como objetivo navegar tanto los océanos como los ríos de América del Sur. El Presidente venezolano Hugo Chávez procedió a invitar a un ejercicio conjunto a la marina de guerra de la Federación Rusa que ya está navegando por aguas del caribe, luego de un extenso acuerdo de venta de armas a la hermana Republica Bolivariana.
Argentinos y Brasileros: un clásico histórico.
Argentina y Brasil no siempre fueron aliados. La verdad es que si hacemos un breve recuento del la historia de la relación entre estos dos estados, veremos que fueron fuertes competidores por el liderazgo regional durante toda su historia.
Esta competencia fue heredada de las contradicciones en el seno del imperialismo europeo de finales del Siglo XV. Por ejemplo, el 7 de junio de 1494, entre Isabel y Fernando, reyes de Castilla y Aragón, y Juan II rey de Portugal, como suelen hacer habitualmente las potencia imperialistas, se dividieron el mundo a fin de evitar conflictos permanentes que afectaran la estabilidad comercial entre las colonias y las metrópolis. Sin ningún pudor y con un mapa por delante, procedieron a repartirse el mundo conocido en lo que se denominó el Tratado de Tordesillas. Como consecuencia de este acuerdo, surge la primera colonia portuguesa en América ubicada en el extremo nororiental del cono sur. La pequeña extensión de territorio asignada originariamente se vio modificada con el tiempo, cuando los colonos portugueses motivados por la búsqueda de oro comenzaron a fundar ciudades por un territorio donde los españoles no contaban con presencia efectiva. Esto configuró el actual mapa del Brasil, uno del los países territorialmente más grandes del planeta.
La expansión portuguesa encontró un límite hacia el sur cuando los Bandeirantes experimentaron un freno al llegar a las misiones jesuíticas instaladas en lo que hoy conocemos como Republica del Paraguay y la provincia de Misiones.
Otro punto de fricción se presentó al llegar las expediciones portuguesas a la Banda Oriental del río Uruguay, donde existían ciudades españolas dependientes del Virreinato Español del Río de La Plata.
Llamativamente las expediciones de los Bandeirantes tenían su punto de partida en “San Pablo de Piratininga”, actual ciudad de San Pablo, la cual se ha convertido en la principal ciudad industrial de la región y en el epicentro financiero del sub continente.
Desde el Tratado de Tordesillas en 1494 hasta 1986, cuando los presidentes de Argentina y Brasil, Raúl Alfonsín y José Sarney, respectivamente, dieron origen al actual Mercosur, la competencia por el liderazgo regional entre Buenos Aires y San Pablo fue la tónica dominante en la región.
Durante el Siglo XIX, las oligarquías paulistas y porteñas llegaron a tomar las armas, cuando en 1824 los ejércitos argentinos y brasileños lucharon durante un año por el control de la banda oriental. La batalla de Ituzaingó fue definitiva para darle a victoria Buenos Aires.
Sin embargo, la diplomacia británica presionó a Buenos Aires para que conceda la independencia de la banda oriental surgiendo un nuevo estado que hoy conocemos como Republica Oriental del Uruguay. De esta manera, los británicos moldeaban el curso de la guerra a favor del surgimiento de un pequeño país que dividiría estratégicamente a los dos grandes sudamericanos.
En 1852, Brasil se cobra revancha de la derrota en Ituzaingó: invade Argentina llegando a ocupar Buenos Aires. El entrerriano Urquiza abre las fronteras de su provincia y ataca a su propio país en conjunto con el ejército brasileño.
Para 1864, el Paraguay del Mariscal López se había convertido en una potencia industrial que competía con las mercancías británicas en la región. Para destruir al Paraguay, los ingleses se alinearon a las oligarquías brasileras y argentinas y se invadió el Paraguay en una guerra que duraría 4 años y costaría la vida de miles de hermanos paraguayos, argentinos y arasileros.
El conflicto terminó en 1870 con la destrucción del Paraguay, que fue sometido al sub imperialismo argentino y brasilero.
Ya en el Siglo XX, los británicos, maestros de la geopolítica mundial, quienes llegaron a diseñar prácticamente la mayoría de las fronteras que existen en la actualidad, recibieron la concesión para diseñar, construir y operar los trazados ferroviarios de los países sudamericanos.
Los británicos tenían bien claro que estos sistemas debían comunicar el interior con los puertos, pero jamás, país con país o provincia con provincia. Asimismo, generaron un complejo sistema de trochas que impide la circulación de formaciones de una región a la otra, obstaculizando la comunicación.
Al promediar el siglo, la competencia entre ambos países se hizo más evidente. La principal hipótesis de conflicto militar era con Brasil, por lo cual no se construyeron puentes sobre el río Paraná hasta bien entrada la década del 60 ya que el Ejercito Argentino temía una invasión brasilera y la pensaba frenar usando al río como barrera natural. Además, esto impidió, por ejemplo, la conexión entre las vecinas ciudades de Resistencia y Corrientes hasta la inauguración del puente General Belgrano en mayo del 1973.
Por estos años, los dos países también competían por la energía hidroeléctrica y buscaron frenéticamente construir represas sobre los ríos de la mesopotámica. Así surgieron las monstruosas represas binacionales de Itaipù (paraguaya-brasilera) y Yaciretá (argentino-paraguaya).
El gran negocio lo hicieron los Paraguayos que aprovechado la rivalidad entre ambos países lograron quedarse con la mitad de las dos represas sin poner un solo peso y en la actualidad reciben energía prácticamente gratis.
Argentina y Brasil también habían comenzado en la segunda mitad del siglo una carrera por la fabricación de la bomba atómica. Tanto fue así que el Mercosur recién fue posible cuando los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney acordaron en 1986, abrir las puertas de los programas atómicos para realizar inspecciones mutuas, a fin de constatar que no había desarrollo de armas nucleares y superar décadas de desconfianza.
Pero el fenómeno desencadenante del acercamiento en lo años 80 no fue meramente ideológico, sino que radicó en causas mucho más pragmáticas. En 1976, Buenos Aires perdió la pelea cuando se instalo en la Argentina el proyecto económico de la Sociedad Rural Argentina. José Alfredo Martínez De Hoz, por entonces presidente de esa entidad, fue consagrado en el Ministerio de Economía por la dictadura más sangrienta que recuerda la historia nacional para llevar adelante la misión de desarticular el modelo industrial argentino, surgido en el primer gobierno del General Perón, que por ese entonces, continuaba siendo la base de sustentación del poderoso Movimiento Nacional Justicialista.
Tras la aplicación de la política económica de la Sociedad Rural Argentina y el Partido Militar, las industrias se habían mudado a San Pablo dejando al cono urbano de Buenos Aires repleto de galpones abandonados y una legión de obreros desocupados que tardarían 30 años en reencontrase con su antiguo oficio a partir de la llegada de Néstor Kirchner al poder en diciembre del 2003.
En 1995, cuando ya el liderazgo regional de Brasil era incuestionable, se logra lanzar el Mercosur. La motivación por parte de los industriales Paulista era consolidar su hegemonía regional y para los derrotados argentinos acceder a un mercado muy apetecible como el brasilero de 230 millones de habitantes. Se sumaron entonces una visión geopolítica estratégica por el lado brasilero y una motivación meramente comercial y miope por el lado argentino. Toda esto llevaría al Mercosur al borde la desintegración al finalizar el gobierno de Carlos Menem.
La nueva etapa que se transita en la actualidad, está signada por el pensamiento de dos estadistas como Cristina y Lula, que están demostrando comprender los traumas históricos y patológicos que arrastramos en la región para superarlos en forma afectiva a fin de avanzar hacia la definitiva liberación del continente.
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