Balance 2003 – 2009.
Retazos de una época popular.
La era de Néstor Kirchner, a la cabeza da las políticas vectoras de la Argentina, fue recibida con gran júbilo por todo el pueblo. La consecución de medidas acertadas con neta orientación hacia los sectores más postergados del neoliberalismo produjo la reversión de los escandalosos índices de desocupación, pobreza e indigencia. Como balance de los últimos seis años de historia, presentamos en consideración algunas cuestiones que deberían ser tenidas en cuenta a la hora de realizar un balance sobre la gestión de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
Por Javier Sánchez.
jsanchez@aluviondigital.com
Nadie puede negar la incertidumbre que invadía a los argentinos en los momentos previos a la asunción de un desconocido como Néstor Kirchner. Sólo se conocían medidas aisladas de su gobierno en Santa Cruz, motivos al parecer suficientes para considerarlo una figura carismática de la incipiente renovación política.
El desarrollo de las elecciones en 2003 determinó un empate técnico en Kirchner y el responsable de la debacle en la que supimos estar inmersos. A los pocos días, Menem deslumbró una inevitable y apabullante derrota dando por concluida la posibilidad de un balotaje. La era Kirchner quedaba definitivamente inaugurada.
Llenos de temores por la construcción de los medios de comunicación, los argentinos nos permitimos dudar de todas las medidas iniciales de Kirchner en el gobierno, pero el acierto de éstas y la reversión de las realidades que golpeaban al pueblo lograron que el presidente alcanzara el 80% de imagen positiva en pocos meses de gestión.
Invito a recordar, por ejemplo, los índices de desocupación con los que Néstor Kirchner inauguró su mandato. En ese momento, el pueblo argentino contemplaba como el desempleo trepaba a diario hasta llegar a los 20,4 %, un nivel inaceptable si tenemos en cuenta la concentración de riquezas que la década anterior había producido (ver Cuadro 1).
La realidad del mercado laboral estaba necesitada de medidas acertadas, y éstas no se tardaron en llegar; el sostenimiento del tipo de cambio, las ventajas impositivas a empresas y una intervención estatal que recordaba a los años de la Gran Depresión lograron no sólo frenar el ascenso del desempleo, sino comenzar un camino de reversión y crecimiento económico sostenido a escalas que muchos considerábamos imposibles. En resumen, al culminar el mandato, la desocupación era del 7,5 %, uno de los índices más bajos de la historia argentina.
Ese dato se convirtió en uno de los estandartes de la campaña que promovió la continuidad del modelo más popular que pudimos concebir desde el retorno a la democracia.
Sin embargo, la voluntad del entonces presidente fue la postergación de su figura como presidenciable y la propuesta como tal de Cristina Fernández, su mujer, para encabezar una fórmula controvertida con uno de los referentes del radicalismo.
La voluntad popular era innegable y los Kirchner contaban con un arsenal de votos producto de las fuerzas políticas que veían en la alianza con ellos la única posibilidad de construir escenarios favorables y de legitimidad. Siempre el más obvio fue el sector que nucleó al denominado radicalismo K, quien aprovechó la oportunidad brindada por los Kirchner para lavar un rostro que había sido manchado por el gobierno encabezado por el señor De La Rúa. Esta fusión histórica encontró a Julio Cobos como candidato a presidente.
En esas condiciones de recuperación social y recomposición Institucional, el kirchnerismo inauguraba un nuevo mandato con una aplastante victoria de la fórmula encabezada por Cristina Kirchner.
Caracterizada por el sector opositor como la mentora de las medidas del gobierno de Néstor Kirchner, rápidamente fue condenada como títere de éste en una clara decisión desestabilizadora.
Sin embargo las políticas sociales se profundizaron y el crecimiento económico siguió en los índices de años anteriores. De esta manera los argentinos pudimos comenzar a pensar que una estabilidad laboral era posible, en ese momento la tasa de empleo estaba en el 45,9% y logró ser sostenida durante toda la gestión aún en momentos de intentos de desestabilización y en épocas de crisis económicas mundiales (Ver Cuadro 2).
Mientras los índices de desocupación seguían augurando un futuro prometedor y las tasas de empleo se mantenían, el crecimiento del PBI seguía adelante a un promedio del 7% anual.
Ese contexto favorable y de un alto respaldo a la figura presidencial promovía una realidad de fortaleza institucional para encarar cambios estructurales que permitieran la profundización del modelo popular apuntado a la industrialización de un país con una cultura históricamente agro-exportador.
La propuesta existió, pero el momento no pareció ser el indicado y la reacción de los sectores responsables de la producción primaria en nuestro país amenazaron con lock outs y cortes de ruta que pusieron en riesgo el abastecimiento de productos de origen agrícola. Ésta reacción encontró el eco necesario para convertirse en desestabilizadora, en los conglomerados de medios y en especial en los pertenecientes al Grupo Clarín.
Ese episodio constituyó una pérdida irreparable en los niveles de credibilidad del ejecutivo y determinó un quiebre hacia dentro al poner en conocimiento del público la existencia de controversias y hasta la mismísima figura de Cleto Cobos como paradigma de la oposición.
El panorama se veía modificado y condicionaba el avance de cada uno de los proyectos presentados por el gobierno ante la opinión pública. En esa relación de condicionamientos constantes, la Cristina Fernández priorizó la profundización del modelo de inclusión social y la consecución de medidas orientadas a generar una mejora de los estándares de vida.
En este sentido, y en plena crisis internacional, la implementación de medidas como el Plan de Inclusión Social con Trabajo produjo el ingreso a la población económicamente activa de 120.000 trabajadores. Esta cifra puede parecer pequeña comparada con las necesidades de nuestra patria, pero si la comparamos con países que siempre fueron utilizados para denostar las políticas locales veremos que en ese mismo período en el que la Argentina incorpora trabajadores al sistema, los Estados Unidos duplica su índice de desocupación y lo mismo pasa con España (ver cuadro 2). De esta manera podemos que la inminente recomposición de los mercados internacionales permitirá a nuestro país continuar la inserción en las esferas más altas del poder político mundial.
Amen de poder sostener el crecimiento de las fuentes laborales en plena crisis, también se ha podido sostener el crecimiento del PBI, no en los niveles de los últimos 5 años, pero fue ese crecimiento lo que permitió el lanzamiento de otra de las medidas más meritorias a nivel social: la Asignación Universal por Hijo.
Con este ingreso, no sólo se busca sacar de la situación de trabajo infantil a los menores de 18 años, sino que el salario mensual a percibir por todos los menores generará un rebote en la economía de sus hogares que permitirá reducir los índices de indigencia y pobreza estructurales.
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