Las caras de la gestión Macri.
¿Dónde está el piloto?.
La gestión de Mauricio Macri al frente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es una sucesión de hechos bochornosos. Las cuestiones administrativas más elementales se han transformado en verdaderos conflictos sociales de la mano del actual jefe de gobierno. Para culminar el año, los porteños advierten como un nuevo episodio de ribetes lamentables vuelve a involucrar a funcionarios de la gestión Pro que ahora ha perdido el control de una policía que ni siquiera ha salido a la calle. Policías corruptos, patotas parapoliciales y agentes encubiertos, completan un panorama tragicómico en el seno de la administración macrista.
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Cuando en 2007, Mauricio Macri recibió el mandato de gobernar el distrito más rico del país fue recibido por el entonces presidente Néstor Kirchner, quien luego de las pertinentes felicitaciones del caso le reconoció en la intimidad: “Mauricio, Buenos Aires es una ciudad para lucirse”. De esta manera, el hombre fuerte del país reconocía a un legítimo adversario y advertía que Mauricio Macri sería el candidato a vencer en el 2011.
Macri había derrotado a la eterna “progresista” porteña luego de la masacre de República Cromagnón que determinó la caída de Aníbal Ibarra y, por lo tanto, inició el debilitamiento de la centro izquierda proto-kirchnerista en la ciudad.
Desde la visita triunfal de Mauricio a la Casa Rosada empujado por un 45,4% de los votos, al escenario actual donde el oficialismo porteño apenas arañó la victoria con un 32% del electorado en 2009, han pasado dos años de desaciertos permanentes que se reflejan en los sufragios.
El hijo del industrial “exitoso” que llegó al gobierno porteño alentado por el discurso de la eficiencia empresaria, con brillantes antecedentes como presidente del Club Boca Juniors y su sonrisa de joven progre adinerado que tanto enamora a la clase media porteña, ha convertido a la Reina del Plata de Carlos Gardel en la Macondo de García Márquez.
En 2007, el por entonces candidato Pro decidió lanzar su candidatura en un basural de la mano de una nena muy pobre que vivía allí cerca en un rancherío, la cual fue utilizada por los publicistas de la campaña como paradigma de la negritud y la miseria que el candidato prometía eliminar. A dos años de aquella escena dantesca, el basural, el rancho y la nena harapienta siguen esperando que el discurso de campaña se vuelva realidad.
Este estilo, “alicate” que tan bien imita su homólogo bonaerense, Francisco De Narváez, ha redundado en una frustración constante para los porteños que todavía no logran comprender la agenda surrealista del gobierno de Mauricio.
Al intendente Macri todo se le va de las manos. Cada medida de gobierno concita el repudio masivo de la comunidad. Es el gobierno que no puede con los reclamos salariales de los docentes capitalinos (UTE), que serían más o menos como la versión descafeinada del Suteba bonaerense, pero que ante el estilo de negociación “Kraft Food” de Macri, naturalmente han radicalizado sus métodos de protesta.
Es el gobierno que no logra extender la red de subterráneos y entonces se le da por cambiarle el sentido a las avenidas esperando que milagrosamente la ciudad fluya. Es el gobierno de los negocios inmobiliarios evidentes, como la eliminación del Hospital Psiquiátrico Borda o el traslado de la villa 31, hecho que ha sublevado a los vecinos de ese barrio en reiteradas oportunidades.
Pero no se inquiete estimado lector, los funcionarios porteños tienen una explicación razonable para todos estos problemas, la culpa la tiene el Ministro del Interior Aníbal Fernández, que aparentemente no los deja gobernar.
Para el ministro ellos son “unos vagos que no quieren trabajar” y para colmo de males, los funcionarios Pro no tienen la misma suerte que sus compañeros del otro lado de la Panamericana, ellos parecen no tener “un plan”.
Locademia de policía.
Decidido a cumplir el sueño de la policía propia, Mauricio logró convencer al gobierno nacional que permitiera a la ciudad contar con su propia fuerza de seguridad metropolitana. Ahora bien, surgió un problema que no estaba en los planes del flamante intendente que radica en que la ciudad no cuenta con los fondos necesarios para garantizar el funcionamiento de la actual Superintendencia de Seguridad Metropolitana de la Policía Federal Argentina destinada a custodiar a los ciudadanos de la capital.
No obstante este gran escollo, el intendente porteño se dio a la tarea de cumplir con una de sus principales promesas de campaña, poner en funcionamiento una fuerza policial dependiente del gobierno de la ciudad.
Esta no es la primera vez que un gobierno debe enfrentar una coyuntura de esta naturaleza. Recordemos que durante la gestión de León Arslanian al frente del Ministerio de Seguridad bonaerense (2004 – 2007), una de sus estrategias fue armar una policía dentro de otra, así nació la policía “Buenos Aires 2”, herramienta que pretendía ser el modelo a seguir en la titánica tarea de realineamiento de la “maldita” policía bonaerense gestada al amparo de la dictadura militar y la gobernación Duhalde.
Para este fin, Arslanian reclutó a jóvenes recién salidos de la escuela secundaria y los entrenó en la escuela de Gendarmería Nacional. No quería que los cadetes tuvieran contacto con el sistema de instrucción habitual de la “Bonaerense”, ya que le preocupaba que adquirieran criterios que pretendía desterrar de la fuerza.
Luego de unos meses de instrucción intensiva, la Buenos Aires 2 entró en funcionamiento haciéndose cargo de algunas comisarías del Gran Buenos Aires donde relevaron al personal habitual. El experimento funcionó y todavía no tenemos noticias de hechos de corrupción relacionados con integrantes de esta nueva fuerza ni conflictos de intereses con la “Bonaerense”.
Jorge Alberto “el fino” Palacios, comisario de la Federal implicado en el caso AMIA donde se lo acusa de sustraer pruebas y dejar escapar a sospechosos, vinculado con los secuestradores de Axel Blumberg e implicado en la extorsión a la esposa de Pablo Escobar radicada en la Argentina, fue la persona elegida por Macri para formar la nueva Policía Metropolitana.
Para Macri el “Fino” es “el policía al cual le confiaría la seguridad de su familia”, frase que suena similar a la definición que el por entonces Gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, hizo de la “Maldita” Bonaerense: “Es la mejor policía del mundo”. La realidad era muy distinta y quedó demostrado en forma temprana ante el asesinato del periodista José Luis Cabezas y de la masacre de Ramallo.
A fin de cuentas esta estrategia de meter el zorro en el gallinero le ha explotado en la cara al intendente PRO. Policías corruptos, internas policiales importadas de la Federal, el reclutamiento de servicios de inteligencia al servicio del mejor postor, como Ciro James y la aparición de bandas uniformadas dedicadas a la higiene social que asolan las calles amedrentando indigentes por las noches, conforman una escenario preocupante para aquellos que piensan en una posible candidatura presidencial de Mauricio Macri en el 2011.
¿Será Macri la estrella que orienta el accionar político de derecha y el candidato a vencer por el kirchnerismo o terminará enredado por sus propios traumas e incapacidades.
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