¿Libertad de prensa o libertad de empresa?.
Las dos caras del “Grupo Clarín”.
Para Ernestina H. de Noble, directora de Clarín, el accionar del su grupo tiene ciertas características que le otorgan privilegios morales sobre otras actividades. Es una especie de mandato “republicano” que se expresa en el eslogan de su canal de noticias “TN = Periodismo Independiente”. Los conflictos sindicales que el grupo mantiene con sus trabajadores y las constantes operaciones de desgaste al gobierno democrático, nos obliga preguntarnos: ¿es periodismo lo que hace el Grupo Clarín? Y si esto fuera verdad, ¿“independiente” de quién es este periodismo?
Con motivo de la apertura del ciclo 2004 de la Maestría en Periodismo del Grupo Clarín, que tiene como objetivo formar a los futuros periodistas de dicho multimedio, Noble declaró que "ni los medios somos una empresa más ni el periodismo una actividad económica como otras”.
Asimismo proclamó “estamos llamados a ser uno de los pilares donde se asienta la democracia, contribuyendo al derecho a la información de la ciudadanía. Tenemos una función de contrapeso y de control republicano”.
“Ello implica una gran responsabilidad. Por eso, no podemos informar con criterios desligados de valores ni principios. No podemos tratar la información como una mercancía. Tenemos que ser fieles, ante todo, a nuestros públicos" concluyó.
Sintonizar esta declaración de principios con un accionar comercial tan agresivo se vuelve una tarea imposible. El Grupo Clarín es un manojo de enunciados pretendidamente morales, pero demuestra en su accionar que es una corporación más, con el único objetivo que tiene una corporación, generar rentabilidad bajando costos y maximizando resultados.
El Grupo Clarín declaró, en su informe de resultados del año 2007, una ganancias de 209.600 millones de pesos libre de gastos e impuestos. Estos beneficios fueron directamente a las cuentas bancarias de sus accionistas Ernestina H. de Noble, Héctor H. Magnetto, José Antonio Aranda, Lucio Rafael Pagliaro y Dominio S.A.
El Grupo también ostenta una participación de mercado que supera el 30% a nivel nacional y el 50% en el área metropolitana. Para decirlo en buen castellano, de cada 100 productos de radio, televisión o gráfica que se venden a nivel nacional, tres pertenecen al grupo y el número trepa a 5 en capital y el conurbano.
Según la Asociación de Periodistas Institucionales, las ventas a nivel nacional de Clarín alcanzan los 400 mil ejemplares diarios. Estas cifras son contundentes e incuestionables, hay un gran número de personas que elije informarse por este medio.
Ahora bien, cuando nos referimos a Clarín como Grupo Multimedios, su gran participación de mercado no tiene que ver estrictamente con la construcción de una propuesta informativa exitosa sino más bien con el aprovechamiento de una coyuntura muy particular.
La concentración de la riqueza en pocas manos y la carencia total de regulación a los capitales financieros por parte del Estado ha sido el resultado más característico del neoliberalismo en el mundo.
El extraordinario poder que el Grupo ha consolidado en los últimos 20 años tiene que ver con la aplicación de este modelo en nuestro país. Para que el Grupo Clarín naciera, primero Menem modificó la Ley Federal de Radiodifusión promulgada en 1977 bajo la tutela de Jorge Rafael Videla (que todavía esta vigente) eliminándole el artículo 46 que impedía a un diario tener una radio o un canal de TV y viceversa. Nacen así los multimedios, entre ellos el Grupo Clarín.
A partir de ese momento nace un nuevo poder caracterizado por la volatilidad de los capitales que los controlan, por la extorsión como arma para conseguir publicidad o comprar a la competencia y, por supuesto, por la flexibilización de los trabajadores.
Esto redunda en una extrema concentración de medios en pocas manos alcanzando ahora también al negocio de las telecomunicaciones, derivado de la compra de las redes de fibra óptica de los canales de cable.
Este accionar nada tiene que ver con el ejercicio de un “periodismo republicano” que proclama Noble, si no más bien con el accionar de una corporación de corte neoliberal, que sólo puede servirse de la sociedad para acumular riqueza en una espiral de concentración ilimitada y suicida. No existe en el mundo corporativo una barrera ética que regule la voracidad de sus accionistas, lo único capaz de acotarlas es un contexto de fuerte regulación por parte del Estado. Por consiguiente, se impone más que nunca la reformulación de la actual Ley de Radiodifusión.
Veamos sólo dos casos de reciente actualidad que hablan de la consistencia del Grupo Clarín entre lo que dice ser y lo que verdaderamente es.
¿Piquete blanco si o piquete negro no?
El miércoles 26 de noviembre, un grupo de Camioneros, encuadrados en el sindicato liderado por Pablo Moyano, se manifestó en las puertas de la distribuidora de diarios que el monopolio Clarín posee en la Capital Federal, impidiendo la entrada y salida de camiones avocados al reparto de Clarín, Ole y La Nación.
Pablo Moyano relató que quienes emplean a los choferes de camiones que distribuyen diarios y revistas, son "cooperativas truchas que obligan a los trabajadores a facturar como monotributistas, con jornadas de 16 horas de trabajo y con un sueldo promedio de 1500 pesos" por mes. El dirigente denunció, en una nota publicada en el matutino porteño Página 12, que estas cooperativas "tampoco abonan las horas extras, las vacaciones y el aguinaldo" y no "proveen a los choferes de la ropa de trabajo". Confirmó asimismo que son unos 1500 los choferes de camiones involucrados en este reclamo.
La Asociación de Editoriales de la Ciudad de Buenos Aires (ADEBA), que nuclea a los dueños de los multimedia, repudió la manifestación calificándola de “ilegal”. Se ve que para los empresarios del ramo la protesta de los trabajadores es ilegal pero negrearlos no.
Por su parte, otro sello de goma ligado a los monopolios, la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación, calificó la actitud de los trabajadores como “Patoteril”. Alguien dijo una vez “que la violencia de los de abajo está engendrada por la violencia de los de arriba” y en este caso parece ser verdad.
Para la Academia “la libertad de prensa y el derecho a ser informado pertenece a todos los habitantes de nuestro país, y no puede admitirse que sea retaceada ni coartada en ningún caso y bajo ninguna circunstancia”. Hubiera sido bueno que le recordaran esto a Clarín en los días del conflicto con el “Campo” cuando orquestaron el golpe de estado mediático contra el gobierno de Cristina Fernández.
Los lobitas que salieron a bancar al monopolio Clarín en contra de los trabajadores fueron Roberto Lavagna, Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich y Elisa Carrió. Entre ellos, se destacan particularmente dos: por un lado, Guillermo Mondino, Defensor del Pueblo de la Nación, que salió a condenar la protesta de los trabajadores por considerarla prepotente y totalitaria (el Señor Mondino debería informarse sobre el accionar del Grupo para poder valorar las prácticas de Pablo Moyano); y, por el otro, la Diputada Radical Silvana Giudice, quien elevó un pedido de informe a los ministros Carlos Tomada y Florencio Randazzo, titulares de las carteras de Trabajo e Interior, solicitándoles que le informen sobre las medidas “preventivas” que se tomaron ante la protesta.
Nuevamente la oposición pretende poner al Estado como gendarme de los grandes grupos económicos y luego de festejar los piquetes agropecuarios que desabastecieron al país, intentan criminalizar la protesta sindical.
Al cierre de esta edición la Confederación General del Trabajo (CGT) solicitó al Sindicato de Camioneros que suspenda las medidas para facilitar la negociación a pedido del Ministro del Interior, Florencio Randazo.
TN: Todo en Negro
Según informó un despacho de la Agencia Paco Urondo los trabajadores del área de noticias de CANAL 13 y Todo Noticias vienen denunciando desde hace meses las irregularidades en las que incurre el Grupo Clarín.
El reclamo de los trabajadores consiste en la falta de reconocimiento de horas extras, feriados y francos compensatorios, la existencia de contratos basuras, atrasos en las categorías, francos discontinuos, maltrato laboral y el impedimento de la actividad gremial.
El clima de ilegalidad que impera en Artear, empresa televisiva del Grupo, al no reconocerse aspectos básicos del Convenio Colectivo de Prensa Televisada contrasta con el discurso moralista de los periodistas que diariamente ponen la cara en las pantallas de Telenoche y TN.
Es natural, que en un clima de amedrentamiento permanente los empleados se vean obligados a bajar línea en forma descarada en función de las operaciones políticas del grupo. Según denuncia la agencia Paco Urondo, ya suman 15 los despidos sin causa en último semestre.
Estas condiciones fueron denunciadas en el ámbito del Ministerio de Trabajo en donde la empresa se comprometió a mantener una mesa de diálogo con el sindicato de prensa UTPBA.
Por su parte, los representantes de Clarín, luego de reiteradas ausencias, decidieron romper unilateralmente la mesa de diálogo, provocando nuevos despidos arbitrarios en un intento por desarticular los esfuerzos de los trabajadores por constituir una comisión interna representativa en una clara actitud persecutoria y discriminadora.
Recordemos que durante la crisis del conflicto agropecuario el grupo apelaba, a través de sus periodistas, a la racionalidad del Gobierno Nacional para que se sentara a dialogar con las entidades agrarias. La tesis de la doble moral sigue vigente en el accionar del Grupo Clarín que se niega a dialogar con sus trabajadores.
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