tapa nro 9

Año 1 - Número 2 - Septiembre de 2008

Fallido Golpe de Estado en Venezuela.
Chávez: de la crisis al poder real.

El intento fallido por parte de la derecha venezolana por derrocar a Chávez desnudó el manipuleo de la información por parte de los medios de comunicación masiva en aquel país y la urgencia imperiosa de los Estados Unidos por desestabilizar cualquier gobierno popular en la región.

Por Javier Sánchez

jsanchez@aluviondigital.com

 

Abril de 2002 – La derecha venezolana apunta a derrocar el gobierno popular del democráticamente electo presidente Hugo Chavez. Resulta extraño por momentos, pero al recavar información sobre la reciente historia de América Latina, se torna predecible y hasta inevitable imaginar que un intento de revertir una época de largas políticas de vaciamiento en suelo sudamericano traería aparejado una contraofensiva de parte de los grupos económicos favorecidos por la concentración de riquezas y los organismos financieros internacionales.

Lo novedoso del caso es la entrada en escena de un nuevo actor hasta ahora dejado de lado pero que ocupó en ese año difícil para la democracia venezolana, un rol preponderante: LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MASIVA.

¿Porque cobra estratégica importancia la presencia de esta nuevo actor en la puja política y económica? ¿Qué hay detrás de sus construcciones de la realidad?

Es pertinente realizar un breve recuento de la Venezuela de hace seis años:

Luego de una historia política y económica a favor de los paises del norte y en desmedro de su propio desarrollo como una de las potencias petroleras, este importante territorio con niveles de pobreza extremos decidió encausar un cambio necesario en la región de la que forma parte.

Sumandose a las insipientes democracias del subcontinente alistadas en comenzar a darle la pelea a las políticas diseñadas por Washington y el FMI, el pueblo venezolano alzó a la presidencia a Hugo Chávez Frías, candidato respaldado por varias organizaciones políticas formadoras del Polo Patriótico.

Cabe destacar que a diferencias de nuestro territorio, el venezolano nunca había transitado por gobiernos populares, por lo que se observa una realidad muy diferente a la que los argentinos hemos vivido. No existe en la historia venezolana una época en la que se haya fomentado el desarrollo tecnológico industrial como así ocurrió en Argentina, por lo que se hace muy dificultoso esbozar la presencia de una clase media trabajadora ligada a la industria, agravado por un deteriorado modelo educacional.

En este marco de subdesarrollo lo popular se hizo presente de una buena vez en las elecciones presidenciales de 1998 que alzaron a la victoria al candidato Hugo Chávez Frías. Las políticas del nuevo mandatario, y el proceso de reestructuración de la nueva patria venezolana tomarían como eje las ideas del propio Simón Bolivar. Desarrollo productivo y regionalización para la explotación provechosa de los recursos naturales sería en adelante la propuesta Chavista. Pero para eso había que empezar a torcer una cruda realidad…

Ya se hizo mención a la riqueza petrolera de las tierras, en su gran mayoría bajo el control de las grandes empresas multinacionales de capitales extranjeros en su totalidad o con escasa participación de empresarios locales (siempre alistados a las directivas que bajaban del Imperio, como dice Chávez). Comenzar a cruzar la linea que separaba lo deseable de lo posible no fue fácil, pero la voluntad de un pueblo pudo más que las presiones al gobierno y la historia comenzó a sufrir un vuelco. Desde el palacio de Miraflores se dio intervención al tema del petróleo y las divisas que este producto generaba hasta ese momento.

Ese tipo de políticas abrió el debate y la desesperación en todos los sectores conservadores, de ultraderecha y golpistas que hasta ese momento se dedicaban a contar los billetes que generaba la traición a su propio pueblo, y con el poder de los medios de comunicación comenzaron a trazar las estrategias necesarias para desestabilizar la tan ansiada democracia.

Los medios privados, “curiosamente” en manos de los sectores opositores, comenzaron a profundizar su intromisión en la arena política ansiosos por ocupar ese vació generado por la ausencia de los partidos políticos opositores, quienes a su vez encontraron en esta especie de reemplazo de roles, la posibilidad de volver a escena.

¿Informar o deformar la realidad?

Fue entonces donde el avasallamiento informativo tomó principal preponderancia e intentó introducir en la agenda de noticias un punto de vista tendiente a boicotear toda iniciativa del gobierno promoviendo sin ningún reparo las agendas de los partidos de oposición e ignorando el profesionalismo y el equilibrio propios de la actividad periodística.

Se creó desde la pantalla una situación de caos total tendiente a debilitar las políticas nacionales de recuperación de soberanía y recursos impulsadas desde Miraflores por el propio Jefe de Estado Venezolano. Se creó un marco ficticio del que fueron cómplices gran cantidad de medios internacionales, en el que se mostraba un supuesto apoyo a las huelgas y movilizaciones organizadas por los opositores de Chávez. En poco tiempo, según los informes periodísticos, el pueblo venezolano había dejado de apoyar el régimen chavista y se había volcado masivamente en su contra.

La sociedad civil se vio inmersa en una gran confusión producto de la imposibilidad de acceder a otra mirada de la realidad. El único discurso que intentaba sostener la democracia era el que propio mandatario sostenía desde el canal estatal, y en su programa “Aló Presidente”.

Semejante fue la ofensiva mediática y la instalación del caos, que se logró el clima desestabilizador deseado por los golpistas y se proclamaron tres jornadas de huelga desde los comandos de los partidos opositores. Se estaba en presencia de un Lock Out patronal con clara intención golpista manejado desde las oficinas de poderosos empresarios y sus cómplices número uno: los medios informativos.

Derrocamiento efímiero.

Cerca de la medianoche del último día de huelgas, Chávez fue depuesto, y Pedro Carmona, presidente de la asociación empresarial más poderosa del país, fue designado para encabezar el nuevo gabinete, apoyado por sectores de las fuerzas armadas, los organismos de crédito internacional (FMI a la cabeza), Estados Unidos y hasta el gobierno de España.

Sin embargo, la noticia del golpe de estado ocasionó protestas de los partidarios de Chávez, y en 48 horas el presidente ya había sido restituido en el cargo por oficiales de las fuerzas armadas leales a él y manifestaciones multitudinarias en todos los rincones del país.

El plan sistemático había fallado en su pleno apogeo, la mentira desde los medios había sido tal que ni siquiera pudieron sostener la veracidad en la supuesta masividad de las protestas que hicieron de puntal al derrocamiento. Tal fue el resquemor por la derrota, que en los días que siguieron los cuatro principales canales privados de televisión brindaron escasa cobertura de las manifestaciones a favor de Chávez. Los venezolanos tuvieron que depender de la CNN y de los canales colombianos y españoles de cable o satelitales para ver noticias sobre las protestas. Muchos periodistas venezolanos y extranjeros afirmaron que los ejecutivos de los medios privados habían actuado en connivencia para imponer un bloqueo informativo, siguiendo instrucciones impartidas por Carmona. A su vez, los ejecutivos de medios adujeron que no podían cubrir la noticia por temor a que los partidarios de Chávez, que habían hostigado a varios medios a principios de año, pudiesen atacar al personal o las sedes de los canales, a lo que varios periodistas locales insistieron en que los acontecimientos se podrían haber cubierto sin exponer a los periodistas a riesgos innecesarios. Además, durante otras crisis y períodos de inestabilidad, los periodistas venezolanos no dejaron de proporcionarle información al público.

¿Qué hubo detrás?

Esa situación no sólo significó el afianzamiento de Chavez como mandatario de uno de los países más ricos del mundo en términos de reserva petrolera, sino que marcó un profundo fracaso por parte de las políticas impulsadas por los Estados Unidos y materializadas por la patronal venezolana en intentar destituir el proceso popular democrático.

Que el gobierno del señor Bush haya tenido que dar un vuelco en su actitud hacia el gobierno de Chávez, ya nos habla de algo que está por salir a la luz. Estados Unidos nunca vio con buenos ojos el inminente proceso de regionalización que se estaba gestando en el subcontinente. La gloriosa vuelta al poder de Chávez, obligó a Washington a tener que bajar su nivel de crítica que tenía antes de los sucesos de derrocamiento y vuelta al poder del mandatario venezolano, eligiendo una postura más pragmática y moderada, acercándose a defender el hilo institucional.

Lo cierto es que el proceso de regionalización ya estaba en marcha y el paso adelante de Venezuela, en conjunto con el paso hacia atrás de Estados Unidos, constituyó en el territorio sudamericano una muestra de formidable apoyo de las masas hacia un cambio postergado en las políticas nacionales.

Por cierto, fue el mismo Chávez el encargado de dar las palabras justas al señalar que “la revolución bolivariana ya demostró suficientemente su capacidad de defenderse”. Ahora, dijo, “deberá mostrar su capacidad ofensiva. Una ofensiva destinada a aumentar los niveles de organización popular, a controlar y hacer funcionar correctamente el aparato del Estado”.

Todo se planteó desde las palabras de Chavez, desde la reafirmación de la victoria ante el intento de levantamiento hasta la necesidad de sumar al resto de las comunidades latinas a su proyecto. Tan claras fueron sus intenciones que desde el norte, el presidente Bush se encargó de diseñar un nuevo eje del mal, o un nuevo eje opositor (depende el punto de vista). Desde su visión, el nuevo enemigo conformado por Cuba, Venezuela y Brasil buscaba contaminar Latinoamérica de un sentimiento anti-yanki.

Difícil de entender resulta la postura del mandatario estadounidense si se tiene en cuenta que ante cualquier tipo de políticas reivindicatorias de los derechos de lo pueblos en América latina, sus intervenciones no se hacen esperar. Desde las “recetas” del FMI y demás entidades de financiación, hasta la presencia de tropas yankis en territorios con excusas anti-terroristas, han generado un creciente repudio hacia ese país.

Lejos están de ser las necesidades políticas de una región generadoras de resentimientos, más bien entendamos que los cambio se dan en detrimento de una realidad que pretende ser dejada atrás, y es realidad constituyó la obediencia a las políticas neoliberales diseñadas en el país del norte y que nada tuvieron que ver con reconocer las necesidades de los pueblos latinos.

Por esto y aunque algunos sigan resistiendo, es momento de comenzar el cambio real.

 


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Revista Politica. Todos los derechos reservados. Propiedad intelectual N° 764992. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Año 2009.