Diálogo político o extorsión mediatizada.
"Si doy comida a los pobres, me llaman santo. Si pregunto por qué los pobres no tienen comida, me llaman comunista". Obispo Helder Cámara *
Por Horacio Ciriaco.
hciriaco@aluviondigital.com
El 9 de julio pasado, en oportunidad de cumplirse un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia y celebrarse aquel suceso trascendente para los argentinos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner convocó al diálogo político desde la ciudad de Tucumán, a un diálogo “amplio y con todos los sectores” aclarando que no se trata de un convocatoria exclusiva a los sectores económicos y políticos, sino que también serán parte del mismo los movimientos sociales, los desocupados, los trabajadores organizados, etc.,etc., etc.
Inmediatamente los micrófonos y las cámaras de los movileros se movieron a la pesca de las opiniones de los ganadores de la reciente elección; es la voz de la oposición la que para los grandes y poderosos empresarios mediáticos adquiere una singular importancia.
Por su parte, los actores políticos partidarios triunfadores recientes, haciendo gala de un vedetismo al que ni la propia Susana Jiménez podrá superar y con una actitud bravucona y carentes de toda seriedad, frente a las cámaras, micrófonos o el sistema que cuadre, exageran los mohines, los gestos, se desgañitaron por varios días cuestionando la naturaleza del diálogo - cosa que ellos mismos daban por sentado como un instrumento imprescindible para la gobernabilidad.
Por otro lado, el inefable Eduardo Buzzi volvía a la carga en nombre de los tamberos, productores y el sector agropecuario en general... condicionando “que el diálogo debe tener en cuenta la situación del sector agropecuario”.
Naturalmente la elección ha marcado un escenario nuevo y no se puede soslayar. De allí el nacimiento del diálogo. Ahora bien, de qué se trata.
La apertura de un diálogo político, por lo menos en la Argentina de los últimos cuarenta años, ha estado ligado a situaciones de colapso económico, por un lado, o a crisis políticas profundas.
Podremos recordar, por ejemplo, a aquella convocatoria realizada por la Revolución Argentina inmediatamente después de la caída del dictador Onganía, o más tarde el Gran Acuerdo Nacional, patrocinado por el General Lanuse, frente al inminente retorno de Perón; la voz mediatizada del asesino Reynaldo Bignone, al hacerse cargo del Ejecutivo Nacional, convocando a todos los partidos políticos al diálogo después de la derrota en la Guerra de Malvinas, al tiempo en que presentaba la autoamnistía.
Además, el Pacto de Olivos, del que resulta el llamado a la reforma de la Constitución Nacional (este caso en particular se da en circunstancias diferentes ya que el mismo tiende a una consolidación por lo menos del modelo bipartidismo)
Posteriormente, en el año 2002, el diálogo argentino convocado por Eduardo Duhalde, cuyos protagonistas resultaron ser la Iglesia Católica, los chacareros, la UIA y algunos otros sectores.
En los casos enunciados, la convocatoria se efectuaba pues estaban en peligro los bienes de la oligarquía, es decir, que grandes puebladas arrasaban o amenazaban a los gobiernos cómplices, en algunos casos ilegales, pero en general todos ilegítimos a esa altura, a pesar de su origen, o de cómo accedieran al gobierno.
La diferencia entre la actual convocatoria y las anteriores es notable: no existe un levantamiento popular, por el contrario, no se pone en peligro los bienes adquiridos por los trabajadores, no está en tela de juicio la sacrosanta propiedad privada, ni la tenencia de la tierra.
En este sentido, los medios continúan con una amenaza que no se cumple, los efectos de la crisis financiera y económica internacional no han llegado con sus devastadores flagelos a estas costas y, por lo que se ve, pese aún al esfuerzo realizado por ellos en hacer terrorismo en ese sentido, no se va a dar.
Es verdad que hay una retracción de la inversión, pero ésta se debe más al miedo y la vocación por parte de los sectores medios por “cubrirse” en las divisas extranjeras que a un real situación económica o financiera.
Ahora bien: esta descripción sencilla y para la cual no hace falta ser gurú de ninguna especie para palparla, se condice con el proceso real. En este sentido, traer a cuento un concepto de Diego Taítan que con justeza se pregunta: ¿Por qué un relato diferente sobre lo real, un conjunto de ideas y un grupo de hombres y mujeres comprometidos con ellas, son capaces de obtener consenso público y prosperan en un momento dado?
Es evidente que la contingencia es una de las características de la acción política, lo que la hace absolutamente apasionante, al mismo tiempo que imprevisible; por lo que nuevamente el citado Taitan indica: “que convoca palabras de difícil composición como fidelidad, ruptura, voluntad, lucidez, memoria, invención, sentido de la oportunidad, capacidad de comunicar, azar... También una sensibilidad para detectar las fisuras en la hegemonía de lenguaje que hace aparecer la realidad de una manera y no de otra; que naturaliza ciertos estados de cosas y vulnera con su enorme maquinaria de significación ideológica toda iniciativa que se atreva a afectar intereses de los poderes existentes, presentándola como “locura”, “soberbia”, “intolerancia”… Cuando ese lenguaje habla de “consenso” y de “diálogo” es necesario traducir inmediatamente por su significado real: el status quo de la renta no se toca; los privilegios no se tocan; el monopolio de la palabra por las grandes empresas mediáticas no se toca; la impunidad de los delitos de guante blanco no se toca”.
Después del resultado electoral y con la apoyatura logística descripta, la oposición, nucleada no sólo en los partidos políticos sino en la poderosas cámaras empresariales, exigen el diálogo, pero pretendiendo determinar la agenda de los temas. Léase en buen rústico lenguaje político: te pongo la agenda y a partir de allí los que gobernamos somos nosotros.
Después de una derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, por minúscula que fuere, rápidamente nacen los exegetas del proceso.
Están los que advierten el camino iluminado para llegar a la Rosada -teniendo en la reserva a un tal Cleto- que quizás ahora no alienten la fantasía de helicóptero partiendo presto a algún destino incierto.
Están aquellos que inquisitivamente preguntan: ¿por qué se tardó tanto para iniciar esta ronda de conversaciones, por qué el gobierno o la presidenta no tomó esta decisión antes...? Como si el iniciarlas o no hacerlo fuera parte de un proceso inevitable.
Es verdad aquello que se indica que en política todo no se puede hacerse únicamente con voluntad, pero también es cierto que nada se logra en esta materia si no se la tiene. Por lo tanto, entre el deseo y la posibilidad existe una zona de grises que van cambiando de entonación de acuerdo con el propio proceso.
Un gobierno debe ser fuerte, es una de las exigencias de la propia sociedad gobernada, más allá de las adhesiones o no que el mismo tenga, es casi una regla excluyente.
Por lo tanto, parte de las especulaciones políticas se ajuntan a esta medida. El brindar una ronda de conversaciones es un tema que un gobierno bien puede iniciar en el momento en que lo crea oportuno.
Pero ¿se puede dar ese hecho frente a situaciones extremas como fueron los piquetes chacareros del año pasado? Evidentemente no, porque sentarse en una mesa con la gente en la calle, es la misma bravata con que acusan a funcionarios del gobierno, según dicen los mentideros políticos, que atendía a empresario tan inocentes como si fueran de la orden de las “Carmetilas Descalzas” con un arma de fuego sobre el escritorio.
El sistema democrático, compulsado a través de las urnas, ha revelado cual es la voluntad popular, en una sentencia que es indicativa del humor social; cuestión que debe ser tenida en cuenta a la hora del diálogos y la articulación política.
Esto más allá de las sorpresas es un empate, si bien debe haber un ganador. En la provincia de Buenos Aires, por 2,5%, ganó el Pro, mientras que en el orden nacional, también por muy poco margen ganó el oficialismo. Con estos resultados en la mano y, con el tironeo, que supone quién es capaz de tener las iniciativa, avanzan con especulaciones al 2011.
En definitiva, el diálogo que se supone debe ser el instrumento capaz de lograr los consensos necesarios, es una de las tantas materias de especulación política, en donde se buscan los escenarios posibles para doblegar al gobierno, para tratar en el mejor de los casos de que llegue a esa fecha lo más desgastado posible, mientras que el gobierno deberá poner énfasis en su organización popular.
Una conversación tiene una salida posible, cuando hay aspectos básicos del interés común, cuando se comprende que el vivir bien no es una cuestión de privilegio, sino de derechos adquiridos; que si en la agenda de los temas a discutir no se encuentra instalado la redistribución del ingreso; que si en esas conversaciones no se advierte que en estas materias no hay nada natural, que, por el contrario, lo que el uno tiene o posee es porque el otro lo conciente.
El consejo de Salario, la convocatoria a los partidos políticos deben ser parte de un debate que trascienda a esos muros, que sea en la propia sociedad donde se alcancen los acuerdos para que el 2011, sea producto de un gobierno que puja por lograr los compromisos asumidos, mientras que la oposición debiera aceptar la política que se ejecute, mientras se que la oposición debe ser constructiva, -si pueden- o esperanzada a un cambio que se refrendado en la urnas.
El diálogo no es un instrumento de extorsión para desgastar al gobierno generando caos social, como ha ocurrido en otras oportunidades.
* Vehemente defensor de los pobres. Sus luchas contra las desigualdades resonaron en todo el mundo y lo convirtieron en una de las voces más temidas por la dictadura militar de Brasil que gobernó durante 21 años, hasta 1985.
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