tapa nro 9

Año 2 - Número 5 - Marzo de 2009.

Las voces en la campaña. El caso de Catamarca.
Menesunda electoral.

Hace apenas algunos días que se celebraron las elecciones en Catamarca y, sin embargo, ya han pasado al olvido mediático. Sirvieron, además de convalidar el mandato del Gobernador Brizuela del Corral, para vaticinar un resultado similar en elecciones nacionales, las que en esos días estaban todavía previstas para octubre.

El cronograma electoral en la provincia de Catamarca parecía exageradamente largo, desde noviembre del año pasado la oposición (1) había comenzado su campaña (no declarada, por cierto) No obstante, después de tantos años y procesos electorales, se sabe sin mayores dificultades que se trata la menesunda de la política electoral.
Hay sesudos estudios al respecto, algunos muy bien intencionados como el caso de Mario Wainfeld, quien no se atreve a adelantar pronóstico sobre el resultado de la próxima elección porque “donde reina el pensamiento mágico nada es imposible” (2). Otras son opiniones absolutamente interesadas, con una alta dosis de carga dogmáticamente ideológica, que terminan por aportar al buen conservador.
Sin tener ojos expertos, sin requerir de estudios superiores ni ser politólogo ni sociólogo, simplemente prestando atención a las virulentas declaraciones de los actores de turno que anuncian un final fatídico, se advierte que todo será responsabilidad directa del gobierno. Y sí: esto es campaña electoral.
Volviendo al tema Catamarca, inmediatamente de conocidos los resultados, allí, en ese mismo instante, aparecieron las voces que profetizaban una tunda electoral al gobierno Nacional y su principal vocero, el inefable Gerardo Morales, presidente el de la Unión Cívica Radical, acompañado además por otros sutiles corifeos: Carrió, Felipe Solá, Mauricio Macri y la profunda y campestre voz de la Mesa de Enlace, Eduardo Buzzi, quién siendo delegado de los exportadores de granos vaticinaba peores escarnios en octubre si no se saca la retención a la soja.
Por otra parte, los derrotados de siempre no querían hacerse cargo del resultado. Luis Barrionuevo decía que él nunca estuvo de acuerdo con ese armado. El propio Saadi se mostraba indignado por cómo se organizaron las cosas. El Bombón Mercado, el oficialismo catamarqueño, prefirió el silencio. En las voces de los principales protagonistas de la provincia de Catamarca, en las tiras de los diarios porteños, en los comentarios de locutores radiales y relatores de fútbol devenidos en comentaristas de la realidad política y social, en los radicales irredentos del café, en los despachos de los peronistas críticos, sobre un solo hombre recaía la responsabilidad de la derrota: Néstor Kirchner.

Las listas.
Los armados electorales son la mecánica mediante la cual se pone en marcha el sistema político de la representación y son la forma de justificar la existencia misma de los partidos políticos. A nadie escapa que, en la actualidad, los partidos políticos se han vaciado de todo contenido y que en el mejor de los casos expresan en alguna medida una simbología que les es propia, que refieren a las personas líderes que fueron sus fundadores, o de quienes continuaron en el mismo accionar. De manera que en la Argentina, el sentido del partido político nunca tuvo demasiada preponderancia, salvo en raras ocasiones. El mecanismo que termina por legitimar el armado electoral en nuestro país se basa más en las concepciones movimentistas que en las dogmáticas formulaciones de los partidos políticos europeos.
Este último modelo se intentó jerarquizar a partir de la reforma de la Constitución de 1994, dándole rango constitucional a su existencia.
De allí, la permanente dicotomía en que se mueve la política a la hora de establecer los mecanismos de la representación. Por un lado, la genuina mecánica basada en el concepto del movimiento y, por otro, el ajuste de ese tumultuoso accionar a las formas establecidas en los aspectos formales.
Es interesante destacar que en Catamarca el oficialismo termina “arreglando” con lo existente: Barrionuevo, Saadi y el famoso Bombón Mercado, puesto que producto de la cuestión cobista de “mi voto no será positivo”, este radical Bruzuela del Corral, al mejor estilo del un realismo mágico, fue el último gobernador en integrar el Frente para La Victoria y el primero en huir. El resultado electoral es el conocido. “...Pero a pesar de todo y de todos sé - justificaba Kirchner – el Partido Justicialista mejoró su performance electoral, basta mirar el número para darse cuenta”. Por otra parte, doblando la apuesta dijo: “... iré hasta el último pueblo de la Patria para consolidar el proyecto...”
Muchas veces, desde la pureza ideológica cuesta entender la forma como se estructura la cuestión del “armado electoral”, no siempre se llenan los casilleros de una lista con los nombres de los propios, de los no cuestionados. Las listas suelen reflejar la voluntad política de acuerdos, de consensos con sectores afines y no propios. Los gobiernos generalmente integran sus gabinetes con hombres de distinta extracción política y en algunos casos simplemente de las corporaciones empresariales o gremiales, y no siempre se trata de afinidades perfectas, es más, muchas veces dista mucho de lograrse.
No obstante, el kirchenismo porta un pecado en su propio armado inicial al incluir a Cleto en la fórmula, y nuevamente volvemos al principio donde Catamarca nos aporta el ejemplo. El PJ, cooptado por el duhaldismo, se transformó por bastante tiempo en el ariete de una poderosa oposición por adentro. Durante mucho tiempo y, siendo presidente, Kirchner esquivó varias provocaciones en los Congresos partidarios, basta recordar aquel episodio protagonizado por Cristina e Hilda González. Fue necesario, por lo tanto, comenzar a partir de lo que se tiene a mano, y lo que se tenía a mano fue la idea de la trasversalidad: una convocatoria amplia a todos los sectores políticos afines que fueran capaces de superar el trauma de los viejos partidos rotos después del 2001, y con deudas impagables con sus militantes y simpatizantes. El convite es a los sectores de la UCR que apostarán a un proceso de liberación Nacional, los que además habían dado muestras de tener duras críticas hacia el partido que había terminado desbastado por el accionar de su propia gestión entre 1999 y 2001.
Probablemente, una cuestión ideológica debe haber primado en el momento de decidir la continuidad del gobierno: la recuperación de valores que habían caído en el olvido, la política de Derechos Humanos, el pago de la Deuda Externa al FMI, la quita de un 65% a los acreedores privados, la estatización de Aerolíneas Argentinas, la libre opción jubilatoria, por mencionar algunos. Todos instrumentos que indudablemente apuntan a la autonomía nacional.
Por otra parte, desde la cultura política y también debido a una serie de hechos concatenados a lo largo de la historia de estos partidos, resulta que la hegemonía popular de uno termina precisamente en el momento en que el otro lo reemplaza. Asimismo, lo que denominaríamos los hombres de la década del ´40 -Jauretche, Manzi, Discépolo, Cátulo Castillo, Eduardo Mallea, Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón- van a galopar en un curso de transición social y política algunos adscribiendo abiertamente al Irigoyenismo y otros no, pero sin renunciar a una concepción popular. Estos hombres terminarán por construir ese puente entre dos identidades: la peronista y la irigoyenista. No obstante, esta síntesis sólo se da en el plano ideal. Quedó demostrado en la construcción de la Unión Democrática -en que la UCR fue motor- y en aquella sesión del Senado Nacional, cómo juega cada uno y a qué equipo pertenece.
Error en la menensuda o lógica sencilla, el armado propio del kirchenerismo adoleció, en todo caso, de creer que era posible juntar las mejores expresiones de romanos, cartagineses y progresistas con la temple de clase media y algunas expresiones conurbanenses que aportaron los votos necesarios que fueron imprescindibles para garantizar un triunfo categórico de Cristina Fernández.
En definitiva y a la hora del armado electoral, como indica la consigna: “sólo el pueblo salvará al pueblo”. Para ello se requiere de construcciones fuertemente corporizadas, categóricas al momento de convocar a una gesta popular de carácter trascendente, cuyo eje es y será la Liberación Nacional.

Menesunda opositora.
Mientras tanto, la oposición, ahora si corporizada, en actos patéticos de realismo pragmático, ha recibido el embate del cambio de fecha de la elección con distintos grados de virulencia, producto de la desesperación. Aquí, es donde las construcciones ideales se estrellan contra el barro de la política electoral, es el momento en que hay que convocar a personas tangibles, es el tiempo en que los discursos montados sobre una carga que aporta al buen conservador no encuentra acuse de recibo. El pro peronista comienza a recorrer un camino exótico, ya no es menemismo ni duhaldismo, es una cosa extraña que asusta a propios y ajenos, un hombre de la pampa húmeda, acollarado con un personaje hijo de la Patria Contratista y un estigmatizado empresario que no se conoce muy bien su laya. Allí están intentando convocar a la ciudadanía a combatir el delito, aunque todos sabemos de qué delitos se trata, no es de contrabando de auto partes, ni de haber puesto al servicio de las multis la tierra y el mar.
Por otro lado, Julio Cobos, sin dejar de intentar sacar réditos mediáticos en las permanentes provocaciones a lo que fuera su propio gobierno, intenta estar rankeado a la hora de la candidaturas y se ilusiona con ser sucesor. Él sabe al igual que De la Rúa que la prudencia es una buena consejera y que todo es cuestión de esperar. De todas maneras, hay una actitud que le espanta: no quiere, pero terminará por juntarse con Gerardo Morales, entonces sí la UCR cantará una salmodia final y se irá cantando bajito.
Y si algo hacía falta a todo esta histeria, es la voz del Patriarca de Chascomús criticando el adelantamiento de las elecciones, tal vez la memoria le falte o quizá sea una actitud política permanente, pero bueno, es recordar que él no sólo adelantó elecciones sino que, pecado capital entre hombre de su condición (radical), nos mandó a votar declarando previamente el Estado de Sitio. “Conmoción interior”, se decía, porque algunos de sus muchachos más avezados al manejo de los petardos -no suponemos que Carranza anduviera en estos trámites- terminaron por autoatentarse en los ya vacíos comités de la Unión Cívica.

Otra menesunda florida pasa por la Coalición Cívica.
Carrió, Patricia Bullrich, el recado economista Prat Gay, que no atina a decir nada después de algunas temerarias afirmaciones de su compañera de equipo, como la de quitar las retenciones a la soja, que no va a dudar en defender a los monopolios si se trata de salvar la “libertad de prensa”, o volver a convertir el financiamiento del Estado en FMI, dislates de proporciones no menores si se quiere, sobre todo teniendo en cuenta el escarnio que nos significó a los argentinos aquella política. Es evidente que en esos raptos de alteración y sinceridad van a terminar por acabar con la ya poca credibilidad que detenta la líder de la Coalición Cívica.
Y para colmo de males, resulta que ahora los senadores del ARI de Tierra del Fuego deciden tomar un destino más coherente, más cierto, más ajustado a la realidad y naturalmente terminan por acabar con la escasa representación que supo conseguir Carrió después de tantas batallas electorales y profecías incumplidas.
Los ataques virulentos al gobierno nos hacen acordar a las mejores prácticas radicales de la década del cincuenta. Eran aquellas épocas en que muchos se alejaron del rumbo del gobierno y se decían peronistas, para dar el paso final en transformarse en Comando Civil en el ´55.
Las flores exóticas se marchitan, este es un tiempo de política y la menesunda termina por dejar paso a los verdaderos articuladores de la voluntad popular.

Ya nada es igual, nos hacen falta profesores; burros, nos sobran.
Muchos han sido lo años en que todo daba igual, por eso de lo único que se trataba era de vigilar la sonrisa del candidato, preferentemente con un tufillo a tilingo y si eran extraídos del microcentro porteño mejor. También se ha tentado a verdaderos ídolos populares, del deporte, de la canción, según fuera el destinatario con que se promovía la elección. La representación popular era digitada por los encuestadores y el pragmatismo liberal, que necesitaba de esa pantalla para azolar las tierras del continente. Ese mecanismo permitió privatizar Gas de Estado con un diputado trucho, ese mecanismo hizo posible que lo que un día hubiéramos imaginado jamás se produjera. En la tierra del alimento, una hambruna generalizada corrió por nuestro territorio. No había problemas de sequía, ni Buzzi decía nada. ¿Dónde estaban los caballeros de la pampa en esos días?
La menesunda debe dar paso a la tarea impostergable de hacer lo que se debe, que el gobierno esté en manos de los mejores preparados para conducirlo, que de una vez y para siempre los que gobiernan –como dice la Presidenta- se parezcan más a los gobernados y que con el tiempo no haya diferencias entre gobernados y gobierno.
La menesunda también tiene un capítulo especial para los monopolios de la información. Bueno sería imaginar cuánto tuvo que ver el Gran Diario a la hora de concebir la actual Ley de Radiodifusión. El tiempo y las investigaciones lo dirán.

Notas: (primero y segundo parrafo)
1. Al utilizar el término oposición no lo hacemos refiriéndonos al “armado electoral partidario”, sino más bien al conjunto de expresiones de similar carácter que transitan por el eje “campo”.
2. Página 12. 22/03/09


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Revista Politica. Todos los derechos reservados. Propiedad intelectual N° 764992. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Año 2009.