tapa nro 9

Año 11 - Número 3 - Octubre de 2008.

Glosario presidencial.

“(…) la comunicación como conducta, como “interacción humana cargada de significación” en la medida en que no sólo responde a unas reglas sino que es reconocida por la colectividad a la vez como iniciativa y como rutina, pues lo que media la acción humana es lo mismo que teje el lazo social (…) El lenguaje es un saber que actúa, en el doble sentido de que hace cosas con palabras”1 .

Hay una gran cantidad de palabras que conforman la senda discursiva y política de nuestra Presidenta: fortaleza, inclusión, ingreso, distribución, sustentabilidad, modelo, democracia, agropecuario, público, privado, equidad, federal, integración, multilateralidad entre otras. Esas palabras van adquiriendo mayor o menor relevancia de acuerdo con los momentos y las circunstancias en las que recurre a ellas para imprimir el sentido explicativo a un momento determinado. La utilización de cada palabra no es neutral, por el contrario, siempre está cargada de intención.

En principio, se puede advertir que la Presidenta no utiliza -con frecuencia- palabras que pudieran indicar una alta especificidad de oficio o profesión y, muchos menos, vocablos en inglés, lenguaje con que se suelen explicar los fenómenos económicos.
En la Reunión de Presidentes de MERCOSUR en San Miguel de Tucumán, utilizó una palabra que vale la pena destacar: “sinalagmático”. El presidente Chávez hizo gestos de no conocer el significado, “que es un término usado por los abogados, que indica responsabilidad por las dos partes en un contrato y, que él (por Chávez) es militar y no tiene porque saber términos técnicos del derecho”.
En otra oportunidad, utilizó la palabra “timba”, para referirse a la especulación financiera, y dijo “voy a utilizar una palabra del lunfardo rioplatense...” Al otro día una periodista del diario La Nación corrigió a la Presidenta indicando que el término está reconocido por la Real Academia, por ende no pertenece al lunfardo y se refiere precisamente al juego. Todo esto supone, como se ha dicho, que se vigila permanentemente, con minuciosidad, estos aspectos.
La Presidenta utiliza últimamente la palabra fortaleza para referirse a la situación económica que atraviesa la República Argentina, frente al creciente desasosiego de los países desarrollados, producto de que estallara el sistema financiero internacional, y se produjeran quiebra de bancos y aseguradoras, que eran emblemáticas del neoliberalismo. Conjuntamente con ésta vocablo, recurre al término tranquilidad, es decir que la Argentina no tiene que desear -como muchos parecieran hacerlo- un horizonte oscuro, por el contrario, la situación no reviste urgencia. Es más, dijo que “si estuviéramos en la situación del 2000, entonces sí tendríamos problemas muy severos”. La Argentina tiene los recursos asegurados presupuestariamente para enfrentar el 2009, con superávit fiscal, con una cuenta corriente, positiva y las reservas necesarias.
Por otra parte, hace uno días utilizó la expresión “símbolo de la democracia”, en oportunidad de realizar el homenaje al Ex presidente Raúl Alfonsín. Dar esa significación es por lo menos una exageración errónea. Inmediatamente de este dicho, hace alusión a las convicciones partidaria, lo que expresa un doble y peligro malentendido. En primer lugar, porque para que un hombre se transforme en símbolo de algo, deberá haber hecho los méritos necesarios para el reconocimiento popular y trascendente. Raúl Alfonsín ganó democráticamente la elección de 1983, pero no fue porque sus convicciones democráticas fueran superiores a los de sus adversarios circunstanciales. La Presidenta indicó a reglón seguido“yo lloré, no porque ganara Ud., sino porque perdimos nosotros”. He ahí el verdadero planteo. Porque para ser símbolo de la democracia el protagonismo de su partido, “donde establece sus convicciones” no debiera haber tenido tanto hombre en el gobierno militar, tampoco se vio a ningún conspicuo radical ni a él mismo cuando llegó La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, un profundo silencio caracterizó al radicalismo en aquel momento. Luego, ya en el gobierno, este símbolo de la democracia, no fue capaz de integrar a ningún peronista a la comisión de investigación sobre la desaparición forzada de personas.
Nadie puede cuestionar el derecho a homenajear, simplemente, cuando se utiliza el concepto equivocado, se corre el riesgo de admitir al radicalismo como un partido democrático, y lo es en la medida que su único mecanismo le da la pátina en ese sentido es el hecho de que cada dos años se vota. Tampoco es autoritario, aunque si se contaran los muertos por represión en sus distintas gestiones probablemente entraría en otra cosmovisión. No obstante la democracia y sus símbolos son mucho más que eso de ir a votar cada tanto.
La figura presidencial exige un vocabulario fluido y, al mismo tiempo, una solvencia inobjetable a la hora del manejo del mismo. Es un mérito no reconocido de la Presidenta el hecho de no leer los discursos y, además, tener siempre las palabras exactas para indicar lo que desea expresar. Justamente porque la elección de las palabras y la precisión de las mismas consolidan un discurso político en un sentido o en otro y proporcionan el contexto para la acción.

1. Vizer, Eduardo. La trama (in)visible de la vida social: comunicación, sentido y realidad.


Subir 
Revista Politica. Todos los derechos reservados. Propiedad intelectual N° 764992. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Año 2009.