tapa nro 9

Año 2 - Número 8 - Agosto de 2009.

Juicio a los represores

El paso que se espera de la Justicia

Por Oscar Rodríguez (1)
Exclusivo para Aluvión

La causa sobre los hechos ocurridos en la Unidad Penitenciaria Nº 9 de La Plata ha sido elevada a juicio y radicada ante el Tribunal Oral Nº 1, el mismo que juzgó a Etchecolatz, Bergés y Von Wernich. Este juicio se llevaría adelante para los primeros meses del 2010, aunque no se descarta un gran avance para este año.


Los imputados en esta causa caratulada como “Dupuy, Abel David y otros homicidios, torturas, tormentos y privación ilegítima de la libertad” son: Abel Dupuy; Isabelino Vega; Víctor Ríos; Elbio Osmar Cosso; Ramón Fernández; Carlos Alarcón; Jorge Luis Peratta; Catalino Morel; Héctor Raúl Acuña; Segundo Andrés Basualdo; Valentín Romero; Carlos Domingo Jurio; Enrique Leandro Corsi; Luis Domingo Favole; y Raúl Aníbal Rebaynera.
En la requisitoria de elevación a juicio se han dividido los hechos a juzgar comenzando por la “requisa” del día 13 de diciembre de 1976. Ese día en que asumía Dupuy como Jefe del Penal, miembros del Servicio Penitenciario de la Unidad Nº 9 (externo e interno, personal de tratamiento, personal de franco, personal de otros penales) y, factiblemente, del Ejército, llegaron en horas de la mañana a la Unidad con el propósito de atormentar física y psicológicamente a los internos y despojarlos de sus pertenencias.
La intención era entregarle a la nueva autoridad la Unidad requisada y, así mismo, según algunos testimonios, Videla estaba por visitar La Plata y la requisa habría estado orientada también a intimidar a todos los internos para evitar cualquier desorden en el momento en que se concretara dicha visita.
Este hecho tuvo las notas atroces de los operativos que realizaban las Fuerzas Armadas y de seguridad durante el período de la dictadura militar.
Respecto a la dirección y conformación de ese gran grupo de funcionarios, según testimonios de las víctimas, quien se encontraba a cargo del operativo era el entonces Director de Seguridad o Subjefe del Servicio Penitenciario, Elbio Cosso, aunque algunos señalaron también, entre otros, a Víctor Ríos y a Mario O. García. Entre los funcionarios penitenciarios se encontraban: “el oso” Acuña; Rebaynera; “Coronel”; “el manchado” Fernández; “virulana” Fernández; “culito de goma” Romero; Videla (los dos); Bazán; Guerrero; Peratta; Aldo Sosa; Julio Barroso; Uset; Roldán; “el gato” Zelaya; “el monono o monona” García; Azcona; Basualdo; “la chancha” Álvarez; los hermanos Rubino; Amarilla; Rajoy; Carlos Alarcón alias “cabeza de candado” y Silvero “el caballo”.
En dicha emblemática jornada, Elbio Cosso, a través de un megáfono, ordenó a los internos que salieran “con las manos atrás y con la cabeza gacha”. Al salir, fueron golpeados con palos, garrotes de goma, bastones, culatas de armas. Los torturadores estaban formados en filas y los internos eran obligados a pasar en medio de ellas.
Fueron víctimas de esta “requisa” cuarenta y seis personas: Horacio García, Alberto Clodomiro Elizalde, Hugo Ernesto Ruiz Díaz, Pablo Monsegur, Guillermo Oscar Segalli, Eduardo Anguita, Gabriel Oscar Marotta, Carlos Alberto Slepoy, Julio Alberto Machado, Ernesto Eugenio Muller, Eduardo Zavala, Juan Miguel Scatolini, Ernesto Fernando Villanueva, Luis Aníbal Rivadeneira, Francisco Virgilio Gutiérrez, Jorge Antonio Capella, José Demetrio Brontes, Julio César Mogordoy, Gabriel Manera Johnson, Javier Marcelino Herrera, Dalmiro Suárez, Carlos Alberto Martínez, Carlos Fernando Galansky Koper, Carlos Alberto Álvarez, Raúl Eduardo Acquaviva, Omar Aníbal Dousdebes, Guillermo Ernesto Mogilner, Eduardo Horacio Yazbeck Jozami, Carlos Alberto Rocca, Alberto Rubén Calvo, Eduardo Alberto Torres, José María Iglesias, Horacio Alejandro Micucci, Julio César Urien, Mario Zerbino, Eduardo Schaposnik, Jorge Podolsky, Eloy Zelaya, Moisés Lintridis, Ángel Georgiadis, Julio Mejanovsky, Ángel Bustello, Eusebio Héctor Tejada, Jorge Antonio Miranda, Osvaldo Bernabé Corvalán y Rubén A. Jantzon.
La singularidad de esta causa es el hecho de que se juzgue a personal del Servicio Penitenciario y, entre estos, la presencia de los médicos Carlos Domingo Jurio y Luis Domingo Favole.
Por último, es de destacar la importancia signada por la presencia de muchos imputados (cuestión que no se dio en juicios anteriores donde se juzgó sólo a dos personas, por ejemplo, en el caso del juicio a Berges y Etchecolataz y sólo a una en el posterior juicio a Etchecolatz y el último a Von Wernich); lo que permite avanzar con más vigor y amplitud hacia la verdad y justicia que perseguimos.

La Unidad Nº 9
La Unidad estaba dividida en pabellones que mantenían la rutina “normal” donde se alojaban los presos comunes y pabellones especiales destinados a los presos políticos. A su vez, esta última clasificación reconocía su propia división de acuerdo a la conceptualización que el Servicio realizaba de los detenidos:
El pabellón 1, llamado “pabellón de la muerte”, estaba destinado a personas de la agrupación “Montoneros”. Al día 4 de enero de 1977, se alojaban allí catorce o quince personas (Brontes, fs. 1634/1636), quienes fueron individualizadas como: Dardo Cabo (celda 1), Elías Muse (celda 2), Eduardo Jozami Yazbeck (celda 3), Jorge Taiana (celda 4), Ernesto Villanueva (celda 5), Rubén Romano (celda 8), José Brontes (celda 9), Eduardo Braicovich o Brancovich (celda 10), Julio César Urien (celda 11), Gabriel Manera Johnson (celda 12), Raúl Correa (celda 13), Horacio Crea (celda 14), Roberto Rufino Pirles (celada 16), Ángel Georgiadis (celda 23) y Horacio Rapaport (celda 38)
También habrían pasado por ese pabellón Osvaldo Cambiaso, Jorge Capella, Marcelo Nivolli, Guillermo Rave, Juan Argüello, Alberto Schprejer, Gilberto Sosa y Juan Vergés, entre otros (declaraciones de Gutiérrez, fs. 1190/1192, Villanueva, fs. 1506/1507, Capella, fs. 1627/1628, Brontes, fs. 1634/1636, y Johnson, fs. 1680/1683; y copias del diario “La Voz”, sin foliar, agregadas a la causa n° 472 -Legajo 612-, después de la foja 548, y fs. 513/514 de esta causa 472).
Ese agrupamiento de internos en esos pabellones no tuvo por finalidad, entonces, una mejor o más segura distribución de los internos; el verdadero motivo era seleccionar a los detenidos más “peligrosos” o “irrecuperables” para la sociedad, según la consideración del Ejército y de las autoridades del Penal, para poner en práctica sobre ellos el plan general de exterminio manejado por el gobierno de facto. Esto se llevó a cabo bajo la apariencia de suicidios y de enfrentamientos ficticios en operativos de traslados, que era una de las técnicas comunes implementadas por el Ejército en todo el país para eludir su responsabilidad por esta clase de crímenes.

(1) Prosecretario Jurídico de la Asamblea Permanente por los DDHH. Abogado querellante en los juicios a Christian Federico Von Wernich y Miguel Osvaldo Etchecolatz.


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Revista Politica. Todos los derechos reservados. Propiedad intelectual N° 764992. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Año 2009.