Un nuevo espacio que se abre.
El rol de la comunicación popular.
Desde sus comienzos, la comunicación popular generó un espacio para aquellas voces que no podían ser escuchadas. Sin embargo, no todos quieren escuchar las voces del pueblo. Hoy en día, la consolidación de un modelo de país nacional y popular genera, en el rubro comunicacional, una fuerte transformación cultural y social que hay que fortalecer.
La llamada Comunicación Popular o Alternativa tuvo sus inicios en Latinoamérica en la década del 70 con las investigaciones de Armand Mattelart en Chile durante el gobierno de Salvador Allende. Mattelart buscaba un tipo de comunicación que rompiera con el esquema rígido de la comunicación verticalista que otorgaba funciones limitadas al receptor. Años más tarde, la comunicación alternativa fue dando lugar a diferentes sectores que no poseían espacios de difusión de sus ideas.
En el congreso de periodistas de 1971, se gestaron las primeras exigencias para dar nacimiento a algunos medios de comunicación popular. Se buscó conformar un periodismo de las bases, un periodismo obrero, campesino. Luego de la Primera Guerra Mundial, se produce la llegada de la prensa a los sectores alejados de las clases hegemónicas.
Hay que tomar conciencia de que la comunicación es un derecho humano que nos permite incorporar herramientas para comenzar un camino de transformación: aumentando la generación y publicación de contenidos locales, dando a conocer lo que hace una organización o mostrar la vida de un barrio, entre otros contextos.
La comunicación es construcción colectiva de sentidos. Nos permite socializar las prácticas de las comunidades de base y de las organizaciones, como un modo de ir superando las exclusiones de las cadenas informativas de los grandes multimedios.
La comunicación es un derecho humano esencial que hace a y es parte fundamental de la construcción de una sociedad democrática: inclusiva, plural e igualitaria.
Con la comunicación alternativa se les fueron abriendo espacios a las organizaciones populares y entidades sin fines de lucro, que poseen el derecho a tener emisores de comunicación masiva.
La sociedad tiene la responsabilidad de velar por ese derecho y debatir quiénes serán los que emitan información, porque a la comunicación no la podemos asociar al mercantilismo, como una forma de acumular dinero.
Los medios populares se convierten en otra posibilidad para ejercer la democracia intentando romper con el discurso hegemónico predominante en la mayoría de los medios actuales. Están llamados a jugar un importante papel en el desarrollo, especialmente en el interior del país. Entonces, al debatir un modelo de comunicación estamos también discutiendo sobre la conformación de un modelo de país.
Las organizaciones populares tienen muchas cosas propias para decir, porque en los últimos 40 años el peso de los mensajes emitidos por los multimedios -con alto y marcado sentido ideológico- ha crecido de manera geométrica. Y esto ha favorecido a “inyectar” la información que después habrá de consumir cierta porción de la opinión pública, que ayuda a fomentar muchos de los imaginarios, los conceptos y las prácticas que se establecen en ciertos ámbitos sociales.
De esta manera, vemos como hoy el pueblo se encuentra discriminado de los canales de TV, de las grandes emisoras de radio, y de los periódicos o diarios de mayor tirada.
La comunicación popular debe “abrir el juego” a los sectores que en la actualidad se encuentran estigmatizados, por estos medios que se dicen objetivos.
En este sentido, y prosiguiendo con la lucha, es que organizaciones sindicales, de derechos humanos, universidades nacionales, radios del sistema público y comunitarias, entre otras, estamos apoyando la nueva de ley de radiodifusión de la democracia.
Así lo han entendido, por ejemplo, quienes fundaron Radio La Tribu; en donde la propuesta comunicacional traspasa lo radial para encolumnarse con un proyecto político y cultural por más de 20 años de vida. Y que hoy en día es tomado como referencia y gran ejemplo por muchos comunicadores sociales, sean o no sean populares. Quizás sea porque el surgimiento de La Tribu fue en la misma época que muchas de las radios comunitarias y de otras producciones de comunicación alternativa en nuestro país.
El derecho a ser emisores y no receptores pasivos de un medio de comunicación, nada tiene que ver con la libertad de prensa; y más en el contexto sociohistórico en el que vivimos, en el siglo XXI. En este contexto tan desigual, es que la libertad que tiene el poder los grandes multimedios para fijar la agenda, extorsionar al pueblo laburante y amenazar a un gobierno que tiene poco tiempo de gestión.
Para la construcción social de la política, los medios de comunicación cumplen un rol muy importante, son una herramienta fundamental. Consecuentemente lo que se pretende generar desde la comunicación popular es que represente la vida los pueblos y gestionados por las organizaciones populares, en donde se genera una batalla cultural más que política y que sólo se podrá dar desde medios propios. Es por esto que la construcción de medios populares es muy importante para amplitud de visiones mediáticas y para que, de la misma manera, las organizaciones forjen su propia agenda mediática. Concretamente, para la mejora en las realidades de vida del pueblo porque la comunicación influye de manera determinante en la vida de todas las personas, y si ese espacio se puede democratizar es muy positivo.
Para hacer un recuadro:
“Los medios de comunicación populares en la Argentina, habitualmente, son mejores que los medios de comunicación tradicionales, que son exitosos puesto que son unilateralmente éxitos porque lamentablemente no hay otra cosa para ver. Entonces “en la cancha se ven los pingos”, que abran el juego. No estamos diciendo que el que quiera ver a Susana Giménez no pueda verla, está bien que lo vea. Pero que aparezca una opción al lado, que sea otra cosa concretamente distinta, y a partir de ahí vamos a ver qué es lo que se consume. Porque no hay ningún libro, de ningún trabajador del diario “La Nación” o de “La Prensa” que haya vendido más ejemplares que “Operación masacre” de Rodolfo Walsh. Esto no lo reconoce ningún señor (lo dijo en inglés) pero nosotros lo sabemos y en cualquier librería te lo pueden afirmar. La honradez del comunicador social, tiene que ver con la predefinición de lo que está diciendo, para que sepan desde dónde lo dice. Porque si dice que es independiente y que flota en la indeterminación, nadie sabe qué es lo que esta vendiendo. En general “Clarín” se subió al carro de la presunta objetividad y está vendiendo ideología continuamente y falsas informaciones. Nosotros, lo que tratamos de hacer desde los medios populares o desde los medios en los cuales estamos trabajando en cualquier circunstancia, es señalar “mire, nosotros tenemos una posición social y geográfica, somos parte del pueblo trabajador y parte del Sur del Continente y desde ahí miramos las cosas”. Entonces no estamos vendiendo carne podrida a nadie, ni nos estamos haciendo pasar falsamente por independientes.” Gabriel Fernández: periodista de la Señal y director de Question Latinoamericana.
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