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Año 2 - Número 10 - Noviembre de 2009.

Cambios de hábitos en la cultura juvenil.
La tragedia de Cromagnón, un antes y un después en los recitales de rock.

rock

Desde sus inicios, el espíritu roquero dio cuenta de un espacio de pronunciación y transformación cultural. Pero muchas veces la música rock se ha vuelto un negocio para pocos. La última presentación de Callejeros en el boliche de Once marcó un quiebre en la cultura roquera al lamentar 194 víctimas a causa de la ineficacia de Chabán, Aníbal Ibarra y hasta del mismo grupo, a pesar de que el juicio no lo entendiera de este modo.

Por R. Santiago Puca Molina

spuca@aluviondigital.com

En nuestro país, el rock ha ido mutando a través del tiempo, y con él los consumidores de este género musical van adquiriendo diferentes posturas y actitudes a la hora de aprehender la música. En los principios del rock nacional, este espacio era para legitimar un segmento de la sociedad que no tenía a dónde expresarse, donde su actitud rebelde era rebelde de por sí. Sin embargo, en la actualidad el rock ha pasado a ser un producto de consumo masivo.
Quienes siguen a sus bandas en los recitales ya tienen determinado qué es lo que van a hacer ese día. Desde contactarse con otros seguidores para viajar juntos (en caso de que sea en lugares alejados, hasta se alquilan combis o directamente se compra el pasaje en colectivo de larga distancia). Se busca hasta la más pequeña de las monedas para poder llegar al tan ansiado “pasaje al limbo” y ver a su grupo tocar y cantar. Trenes, micros, subte y hasta “automóviles comunitarios” son las vías de transporte que se utilizan.
La vestimenta también es un rasgo que no debe quedar afuera: remera con la inscripción del grupo no debe quedar en el ropero. El jean gastado o el jogging van a ser un gran compañero en el ritual ya sea para las mujeres o los varones. Algunos osados llevan los pantalones cortos con el escudo del club de sus amores, pero saben que puede llegar a generar algún tipo de malestar. Pero lo que más llama la atención es el calzado que homogeniza a todos los concurrentes, las clásicas Topper lona blanca identifica a quienes van a ver a bandas de rock, las negras para quienes consumen un rock más duro como el heavy, y esta misma marca o All Star de Converse rojas para los denominados Punkies.
Características hay muchas, por ejemplo, el flequillos rollinga identifica a más de uno; pulseras, pañuelos, colgantes, aros y binchas no quedan afuera del atuendo del rockero. Pero si bien siguen demostrando su costado rebelde, este no deja de lado a lo que se llama “la comunidad del rock”. Esta tiene sus códigos internos y cada uno de los integrantes de la misma sabe cuáles son sus derechos y sus deberes, aunque estén implícitos. Si se puede juntar “una moneda para la birra o el asado” mucho mejor, sino será para el “vino y el sanguche”; porque ellos saben dónde y a quién pedir.
Esta comunidad del rock, aún mantiene ciertos rasgos culturales impregnados hace tiempo. Convidar paquetes de galletitas, un trago de agua o cerveza y hasta el “pasar una seca” nunca es negado, porque entre ellos se siente lo mismo: el sentimiento por el rock.
Algunos afortunados se pueden hacer allegados a su banda y acceder al asado de la previa con el grupo, pero estos últimos saben que no siempre tienen que ser los mismos y por eso van rotando las invitaciones. Es que hay recelo entre los seguidores, ni que hablar entre las seguidoras.
Las rondas para compartir y cantar son un espacio en donde se logran congeniar no sólo a gente de diferentes barrios, sino que también de distintos estratos sociales, etnias, colores, religiones y quién sabe que más. El rock no hace distinción. El solo hecho de ser fan del mismo grupo que su par hace que esté “todo bien” para “armar rancho”. Flamear banderas, alentar al grupo, de eso se trata la previa al recital.

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“No me persigo porque mucho de lo que está prohibido me hace vivir…” (Callejeros)
El 30 de diciembre de 2004 a las 22:50 horas, hubo un quiebre en lo que se llaman recitales roqueros. Ya nada es igual a lo que venía sucediendo hasta ese entonces, la tragedia de República de Cromagnón marcó un antes y después en lo que respecta a eventos de rock en lugares cerrados.
Esa noche murieron 194 personas que habían ido a ver el tercer y último recital de una banda que venía haciendo mucho ruido por ese entonces.
A principios de diciembre de 2004, Callejeros había tocado en el micro estadio del club Excursionistas del barrio porteño de Belgrano. Ese lugar era mucho más grande que Cromagnón, por lo que pudieron acceder al mismo “sólo” 20 mil personas, pero así mismo quedó mucha gente afuera... aún con sus entradas en la mano. El lugar estaba abarrotado, se produjeron algunas corridas y peleas muy pequeñas. Igualmente Excursionistas fue un gasto muy grande, ya que se tomó la precaución de armar un dispositivo de seguridad especial y además el precio por alquilar el lugar no fue para nada barato. Los números para Callejeros no cerraban.

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Los antecedentes.
En la década del ´70, el estadio Luna Park fue el escenario de una batalla campal cuando los fanáticos de Billy Bond y la Pesada empezaron a saltar y a arrojar las butacas del lugar contra la policía que no los dejaba acercarse al escenario.
Ya en democracia, en los años ´80, se produjeron algunos que otros disturbios en torno a los seguidores de Riff o Violadores, y no más que eso.
En los ’90, la muerte de Walter Bulacio en una comisaría luego de ser arrestado por la policía en las inmediaciones del estadio Obras Sanitarias de la Capital Federal, marca un quiebre en los recitales de rock.
Más acá en el tiempo, y teniendo ya como circuito icono a Cemento y República de Cromagnón, son Los Gardelitos y La 25, respectivamente, quienes se ven inmiscuidos en hechos violentos. Pero esta vez, no por estar contra alguien, sino por “causas externas” al público seguidor.
El recital de “los gardeles” en Cemento, y luego de la muerte de Corneta (su cantante), estaba tan lleno que tuvieron que abrir las puertas para la presentación del disco "Tierra de sueños"; porque había gente afuera que miraba para adentro. Había gente en la calle, en la vereda que miraba desde ahí con sus entradas en mano y no eran falsificadas, sino que se habían vendido esas entradas. Resultó ser que era mucha la sobre venta.
El recital de La 25 en Cromagnón tiene un tinte muy parecido al de Callejeros más allá de haber sido en el mismo lugar, ya que se produje también un pequeño foco de incendio en el techo que estaba compuesto por medias sombras. Éstas fueron incendiadas por las bengalas denominadas “tres tiros” que quemaron algunas partes de la parte superior del boliche de Omar Chabán; lo que derivó en la suspensión momentánea del recital y su posterior desalojo, también momentáneo, de los concurrentes hasta que el foco de incendio fue sosegado. Lo importante era que entre dinero, la gente… bien gracias.

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“Ilusión”, “Fantasía y realidad” (del disco Presión de Callejeros).
La tragedia de Cromagnón marcó un antes y un después en el consumo masivo del rock en vivo. A partir de allí, se murió gran parte del espíritu rockero Se murió no sólo desde lo humano... esto marcó un quiebre total. Porque ya todos los lugares pequeños que abrían para que las bandas se hicieran conocidas tuvieron que cerrar porque no eran lugares que estuvieran habilitados por el gobierno porteño, por ese entonces a cargo de Aníbal Ibarra.
Hay que hacer una línea del tiempo para dar cuenta de que Cromagnón produjo un quiebre entre lo que era el rock. Se monopolizó el negocio del rock, ya que las grandes empresas (las productoras) no tenían acceso a determinadas bandas. Al pasar lo de Cromagnón, estas productoras cercaron ciertos lugares... entonces "Pop Art" es amo y señor del Estadio Pepsi Music, pero que en realidad es el Estadio de Obras Sanitarias, frente a la cancha de River Plate. Y ahora a ese estadio van a tocar sólo bandas que estén asociadas a “Pop Art”. Entonces una banda que recién empieza y los lugares ya le quedan chicos, si quiere tocar en el Pepsi Music, que no es un lugar ni muy grande ni muy chico, si no negocia con “Pop Art” el lugar a esa banda no se lo dan... y se queda afuera del nuevo circuito del rock.
El rock pasó a ser un objeto de consumo más. Antes quizás también era un objeto de consumo, pero tenía otros valores, tenía que ver más con la cultura propia, con la de “tu gente”. Era una estructura diferente a la que se está llevando ahora, no tenía estructura en realidad.
Antes uno compraba la revista Rolling Stones para saber qué banda iba a tocar. Ahora no, la revista Rolling Stones viene acompañada con productos para la belleza, con calcomanías. Hay algo que llama la atención, es que la gente lo vea y que lo consuma, simplemente porque pertenece al producto Rock.
Así lo tomó Callejeros, como a un producto de consumo masivo que le iba a dejar un rédito económico muy grande. El grupo tenía una serie de recitales -Cosquín, dos fechas en Córdoba capital y el Gesell Rock-; como Excursionistas les dejó poca ganancia, eligieron como cierre del año presentar en tres días diferentes a los tres discos que habían sacado hasta entonces. Las opciones eran por lugares como Cromagnón o Cemento, en donde el rédito que le queda a la banda es mucho mayor porque son lugares mucho más chicos, porque el porcentaje de entradas es 80% para la banda y 20% para el lugar; excepto cuando se venden en el mismo día, que en ese caso se divide en dos partes iguales. De esta forma a Callejeros el negocio no le cerraba pero ellos sabían hacer las cosas, sabían hacer negocios.
Pero ¿qué necesidad tenía una banda que llenó un lugar con 20 mil personas más la gente que estaba afuera, en hacer tres fechas en otro lugar que se llena con 2 mil personas? La respuesta es simple: ninguna, pero... era dinero fácil. Obviamente que metieron más de esa cantidad. Algo no estaba bien, meter esas tres fechas en Cromagnón antes de Córdoba y Gessel, no dice más que lo hicieron por codicia, porque era codicia, nada más ni nada menos que eso.


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Revista Politica. Todos los derechos reservados. Propiedad intelectual N° 764992. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Año 2009.